Néstor Leal, presidente AMDD y marketing & corporate communications manager de Accenture Chile.
Querida comunidad AMDD,
Escribo esta editorial con una mezcla de orgullo y nostalgia. Después de dos años como presidente, el próximo 29 de abril cierro este ciclo con la convicción de que la AMDD no solo creció, sino que se consolidó como un espacio relevante para la industria del marketing y los datos en Chile.
Más que hacer un recuento exhaustivo, me gustaría compartir lo que realmente importa: lo que fuimos capaces de construir juntos.
En este período, la asociación creció de forma concreta. Sumamos 24 nuevos socios, alcanzando hoy una comunidad de 48 organizaciones activas y comprometidas. Pero más allá del número, lo relevante es la diversidad: avisadores, agencias, plataformas, medios y expertos que enriquecen constantemente la conversación.
También logramos algo que para mí es clave: mantener a la AMDD en movimiento. Durante estos dos años impulsamos una agenda activa de encuentros, contenidos y espacios de discusión. Eventos como el AMDDay, que se consolidó como un punto de encuentro relevante para la industria, junto a workshops, encuentros con distintas instituciones, podcasts y desayunos temáticos, fueron parte de una agenda que buscó algo simple, pero desafiante: generar valor real.
En paralelo, fortalecimos uno de nuestros activos más importantes: el contenido. Publicamos 11 revistas anuales, con participación constante de nuestros socios, abordando temas que hoy son centrales para el marketing: inteligencia artificial, ética, datos, sostenibilidad, creatividad y nuevas plataformas. Más que una revista, hemos construido un espacio donde la industria piensa, conversa y se proyecta.
Un hito especial fue el desarrollo y lanzamiento del Curso de Protección de Datos, que ya cuenta con más de 400 estudiantes inscritos. Esto refleja algo que siempre creímos: la formación no es un complemento, es una responsabilidad sobre todo este año tan clave.
También me tocó vivir la AMDD desde otro lugar, asumiendo interinamente funciones de gestión durante algunos meses. Esa experiencia me permitió entender aún más el trabajo del equipo, el cuidado de los recursos y la importancia de sostener una operación sólida. Nada de lo que hacemos ocurre por inercia; todo requiere compromiso, dedicación y muchas veces, generosidad.
Si hay algo que me gustaría dejar instalado es esto: la AMDD no es una institución, es una comunidad. Y su valor no está en sus actividades, sino en las personas que la construyen día a día.
Por eso, este cierre no es un punto final, es una transición. La asociación queda en un buen momento: con una base sólida, con desafíos claros —especialmente en torno a la nueva Ley de Protección de Datos— y con una industria que necesita más que nunca espacios de colaboración, reflexión y liderazgo responsable.
Me voy profundamente agradecido. Al equipo de la AMDD, por su compromiso silencioso y constante; al directorio, por el criterio, la dedicación y el tiempo que entregan; al Consejo de Ética y Autorregulación, por su rol fundamental en resguardar los principios que nos definen; a los presidentes de comités y a todos quienes lideran espacios de trabajo dentro de la asociación; y a cada socio por empujar esta comunidad y hacerla crecer con sentido.
Gracias también por lo personal. Por la confianza, por las conversaciones y por todo lo aprendido en este camino.
La AMDD sigue. Y eso, en el fondo, es lo más importante.





