Tomás Garín, director creativo de Agencia Berlin.
Necesitamos una creatividad irreverente que potencie negocios y personas. Una que integra IA, propósito y liderazgo, alineada con las nuevas generaciones.
En un escenario donde la automatización avanza a gran velocidad, el verdadero desafío no es tecnológico, es profundamente humano: decidir qué automatizar, cómo hacerlo y para qué.
Hoy más que aprender nuevas herramientas, el desafío es desarrollar una mentalidad de crecimiento: entender que la tecnología no se domina, se entrena. Y que ese entrenamiento ocurre probando, fallando y ajustando constantemente, sin miedo al error.
La IA no vino a quitarnos el trabajo creativo, sino la excusa al momento de pensar mejores ideas.
Trabajar con IA es aceptar el juego del ensayo y error. No es una máquina que piense por nosotros, sino un amplificador de criterio. Cada prompt es una decisión creativa y estratégica. Cuando se usa bien, la IA no acelera ideas: acelera el pensamiento crítico.
Por eso, el foco no debería estar en adoptar IA, sino en integrarla con intención. Construir flujos de trabajo propios, flexibles y vivos. La IA debe apoyar nuestros procesos, no gobernarlos. Cuando se le entrega el control, aparece el workslob: más entregables, pero menos claridad creativa. El mayor riesgo es convertirnos en curadores pasivos de lo que la IA genera.
Delegar la divergencia tiene consecuencias: cuando se confía exclusivamente en la IA para idear, los resultados tienden a parecerse entre sí, reduciendo la originalidad. No es casual que hoy el contenido real y humano esté mostrando mejor performance que el generado por máquinas.
Desde la data, el desafío es profundo. La IA se alimenta de información existente. Si sólo mira hacia atrás, produce ideas derivativas. La creatividad relevante exige entrenar modelos con data nueva y diversa, incluso de otras industrias.
A esto se suma un debate inevitable: lo legal. La publicidad ya enfrenta conflictos por derechos de autor y atribución creativa. Señales claras de que el problema no es la IA, sino el criterio humano detrás de su uso.
La tecnología avanza rápido, pero el juego creativo es continuo. Y en ese juego infinito, lo humano sigue siendo irremplazable: decidir, arriesgar y crear con intención.





