Paula Vilajuana, director of data, AI & revenue automation de VOU.
En marketing digital, los datos personales no son un insumo más: son el eje de nuestra operación y la base del valor que creamos para nuestros clientes. Cada campaña, estrategia, segmentación y automatización existe gracias a información que analizamos y que pertenece a personas reales.
Por eso, la Ley 21.719 que entra en vigencia el 1 de diciembre de 2026 no es solo un tema del equipo legal. Es una responsabilidad de todos los que estamos en este negocio.
La pregunta relevante no es si la ley nos aplica (porque nos aplica a todos), sino si estamos priorizando bien para llegar a tiempo y alineados a nuestra propia realidad. La cuenta regresiva nos obliga a actuar y hacerlo con agilidad.
Hay tres ejes de cambio que debemos tener en el radar. Primero, las bases de licitud: todo dato que tratemos necesita un fundamento legal. No hay espacio para la ambigüedad.
Segundo, la ley trae consigo nuevos derechos para las personas y nuevas responsabilidades para nosotros: los titulares ganan más control sobre sus datos, y quien los trata debe estar preparado para responder.
Tercero, prevención por sobre reacción: estamos frente a una regulación nueva, con una Agencia que recién comienza a operar y criterios que todavía se están definiendo. En ese escenario, la postura más inteligente, y la única responsable, es anticiparse. No esperar a que llegue una fiscalización para ordenar la casa. La responsabilidad proactiva no es solo una buena práctica; en este contexto, es la mejor estrategia.
¿Por dónde empezar? Mapea tus procesos de tratamiento de datos, identifica tus brechas y activa capacidad interna real de ejecución. No alcanza con actualizar la política de privacidad. El cambio es documental, operacional y cultural. Y el tiempo es ahora.




