Mauricio García, director creativo de Cebra.
Durante mucho tiempo, gran parte de las horas hombre en marketing se iban en tareas que hoy la IA resuelve en minutos: buscar data, ordenar información, cruzar insights, armar presentaciones eternas. No era falta de talento. Era falta de tiempo para pensar.
Hoy eso cambió. Y cambió para bien.
La IA nos devuelve algo clave: tiempo. Y la pregunta ya no es qué puede hacer la tecnología, sino en qué vamos a invertir ese tiempo humano liberado. Desde mi rol de director creativo, la respuesta es clara: en las ideas.
Hoy accedemos mucho más rápido a data, tendencias y referencias. La IA ayuda a ordenar, a visualizar caminos y a armar un pitch que fluya. Perfecto. Pero una buena idea no sale de un prompt, sale de entender el problema de verdad, de leer entre líneas, conectar data con cultura, contexto y personas reales. De detectar esa tensión que no es obvia, pero que cuando aparece, hace clic.
La IA acelera el proceso. El criterio sigue siendo humano.
Por eso, las horas hombre hoy deberían ponerse en pensar mejor el brief antes de ejecutarlo, buscar la idea correcta y no la más rápida, afinar el mensaje hasta que realmente diga algo, y decidir qué decir… y qué dejar fuera.
Si usamos la IA solo para producir más piezas, más rápido, vamos a llenar el mundo de contenido correcto pero olvidable. Si la usamos para ganar tiempo y pensar mejor, las ideas suben de nivel y las marcas se vuelven más relevantes.
La IA se encarga del cómo. Las personas seguimos siendo responsables del por qué y el para qué.
Y en marketing, esa sigue siendo la diferencia entre una idea que pasa… y una que se queda.





