IA y propiedad intelectual: en busca del equilibrio necesario

Guillermo Carey, abogado y socio del estudio Carey.


La inteligencia artificial empieza a transformar la productividad, la creatividad, el marketing, los datos y la forma en que las organizaciones se relacionan con las personas. En ese contexto, la pregunta por la propiedad intelectual no es un asunto secundario, sino una condición clave para que la innovación sea sostenible, legítima y confiable.

¿Son la IA y la propiedad intelectual conceptos incompatibles? No necesariamente. Pero sí están en tensión. La IA requiere grandes volúmenes de datos, textos, imágenes, sonidos, códigos y obras para entrenarse. La propiedad intelectual, en cambio, busca proteger la creación humana, reconocer autorías y mantener incentivos para que existan industrias creativas.

El desafío no es elegir entre una u otra, sino construir un equilibrio que permita impulsar la IA sin desproteger a quienes crean.

Chile necesita abordar esta discusión con mirada propia. Contar con infraestructura de IA, capacidad de cómputo y datos localizados no solo mejora la soberanía y seguridad de la información; también permite desarrollar soluciones ajustadas a nuestra realidad, atraer inversión, generar empleo de alto valor, acelerar la productividad y reducir la dependencia tecnológica externa.

El problema aparece en dos momentos. Primero, en la entrada del modelo: el uso de obras protegidas para entrenar sistemas de IA. Segundo, en la salida: los contenidos generados por IA pueden ser transformativos y originales, pero también reproducir, memorizar o sustituir obras existentes generando una potencial explotación encubierta.

Una posible respuesta es distinguir ambos planos. En el input, podría permitirse la minería de textos y datos bajo criterios usados internacionalmente. En el output, conviene evaluar caso a caso factores como la licitud en el acceso de obras protegidas, el grado de transformación del resultado en comparación con la obra original, la afectación económica al titular y la eventual memorización del modelo basados en un sistema de uso legítimo (fair use).

El marketing digital y la data se sostienen en la confianza, la ética, la transparencia y el uso responsable de la información. Por eso, los espacios que abre la AMDD para conversar estos temas permiten que la industria no solo adopte nuevas tecnologías, sino que también piense sus impactos, riesgos y oportunidades.

La IA y la propiedad intelectual no son enemigas inevitables. El reto está en diseñar reglas modernas que protejan la creatividad humana y, al mismo tiempo, permitan a Chile participar activamente en el desarrollo de esta nueva economía digital.