Columna de educación por Óscar Cristi, director de la Escuela de Administración y Negocios, Duoc UC.
–Buenas noches, señor Martínez. ¿Lo de siempre?
–Sí, por favor… Qué gusto que aún lo recuerde.
–Por supuesto, usted es parte de esta casa.
Escenas como esta —presentes en películas, libros o simplemente en la vida diaria— tienen un valor especial: muestran al cliente siendo visto, reconocido, comprendido. Esa familiaridad, esa pequeña atención, genera una experiencia memorable. Porque más allá del producto, lo que las personas valoran es el trato que las hace sentir únicas.
Hoy el marketing ha llevado esa lógica a otro nivel. Gracias a los datos, la tecnología y la inteligencia artificial, las empresas pueden diseñar recomendaciones específicas –como las que aparecen en Netflix– u ofrecer promociones personalizadas, como las que llegan durante el CyberDay. No es casualidad: es el resultado de usar los datos con inteligencia y sensibilidad.
Un estudio de McKinsey (2022) mostró que las empresas que logran personalizar sus servicios pueden aumentar sus ingresos hasta en un 40%. Pero no se trata solamente de vender más, sino de crear relaciones más profundas y sostenibles con sus clientes. Eso exige profesionales capaces de leer datos, entender comportamientos y tomar decisiones rápidas y empáticas.
Ahora imaginemos un futuro no tan lejano: entras a una tienda de ropa, un escáner corporal registra tus medidas y en minutos una impresora 3D confecciona la prenda exacta que quieres, en tu talla, tu color y tu estilo. No hay stock, no hay probadores, no hay tallas estándar. Sólo tu prenda, hecha para ti.
Tal vez aún no hemos llegado a ese escenario, pero avanzamos rápidamente hacia allí. Y entonces surge la gran pregunta: ¿estamos formando profesionales preparados para este mundo?
Muchos planes de estudio aún siguen anclados en lógicas obsoletas, centrados en contenidos generales y desconectados de los desafíos actuales. ¿Cuánto tiempo se dedica realmente a enseñar cómo interpretar datos, construir experiencias diferenciadas o aplicar herramientas de IA en contextos reales?
La respuesta no siempre es alentadora. La educación superior tiene el deber de reaccionar. Los estudiantes deben trabajar con casos reales, interactuar con plataformas digitales, enfrentarse a decisiones como las que tomarán en sus futuros trabajos.
No basta con transmitir conocimientos: hay que preparar para un entorno que exige creatividad, adaptación y tecnología.
El mundo del trabajo no espera. Si no se toman acciones, se corre el riesgo de preparar profesionales para un escenario que ya no existe. Personalizar no es una tendencia, es el nuevo estándar. Y los futuros profesionales deben estar listos para liderar empresas que no sólo compitan, sino que conecten con cada persona de manera única.