Alejandro García, vicepresidente de la AMDD y gerente general de dentsu Chile.
¿Cuántas veces hemos leído el obituario del SEO? Si (irónicamente) hiciéramos una búsqueda sobre “el fin del SEO”, encontraríamos predicciones alarmistas casi desde que el algoritmo nació. Sin embargo, quienes llevamos años en esto, sabemos que el SEO es como la materia: no se crea ni se destruye, solo se transforma. Hoy esa transformación tiene un nuevo nombre: GEO (Generative Engine Optimization).
Para entender hacia dónde vamos con la inteligencia artificial, es vital recordar de dónde venimos.
Mi experiencia con el SEO ha estado ligada a su evolución desde que el internet era un ecosistema mucho más primitivo; un tiempo en que la autoridad no la dictaba un modelo de lenguaje, sino estar listado en Dmoz.org.
En esos años, “optimizar” era casi un ejercicio de alquimia básica. Muchos recordarán el uso y abuso de la etiqueta Meta Keywords, un factor que fue determinante hasta que, en septiembre de 2009, Google anunció oficialmente que dejaría de considerarlas. El motor se volvía más inteligente y nosotros teníamos que dejar de intentar «engañarlo».
Hubo una época en la que podíamos ver con total claridad qué palabra exacta había escrito un usuario para llegar a nuestro sitio. Teníamos la trazabilidad absoluta del post-clic orgánico en herramientas como Adobe o Google Analytics.
Sin embargo, en octubre de 2011 Google cambió las reglas para siempre con la llegada del famoso “(not provided)”. De la noche a la mañana, el flujo de datos se oscureció bajo el argumento de la privacidad.
En ese momento, el pánico fue total. «¿Cómo vamos a optimizar si no podemos ver la data?», se preguntaban muchos. Fue otra de las tantas veces que se sentenció la muerte del SEO. Pero, una vez más, nos adaptamos, aprendimos a leer la intención detrás de la visita y nos hicimos más fuertes.
Nuestra trayectoria ha sido una carrera de fondo por entender la autoridad. Pasamos de obsesionarnos con el pagerank a depender del domain authority y técnicas de enlaces cada vez más complejas. Vivimos hitos técnicos como el algoritmo Caffeine en 2010, que reconstruyó la indexación para ofrecer una frescura inmediata. En el camino, hemos visto cómo los Search Ads han ido devorando el espacio en pantalla y cómo el fenómeno del Zero-click search ha desafiado nuestra capacidad de generar tráfico.
Ahora el SEO se enfrenta a su mayor metamorfosis con la IA generativa. Ya no buscamos solo aparecer en una lista de resultados; buscamos ser la fuente que Gemini o ChatGPT citan en sus respuestas. El paso del SEO tradicional al GEO es la evolución natural de nuestra necesidad de relevancia.
Este número del Magazine AMDD es una invitación a profundizar en este cambio de paradigma. Los invito a leer estas páginas por completo y, especialmente, a considerar la visión de los expertos en SEO que hemos invitado a colaborar en esta edición, quienes aportan una profundidad técnica necesaria para navegar este nuevo y emocionante camino.





