Con el objetivo de ser un motor del cambio digital en Chile y Latinoamérica para impulsar la inclusión, desde hace diez años la Fundación Kodea impulsa diversos programas para acercar las nuevas tecnologías a mujeres, estudiantes y emprendedores de sectores vulnerables. “No se trata de construir un mundo más tecnológico, sino un mundo mejor, poniendo a las personas al centro de las soluciones, no a las herramientas”, dice Alejandra Ramos, encargada de marketing de esta organización.
Por Jorge Velasco Cruz.
“La inclusión digital es la nueva justicia del siglo XXI”. Éste es uno de los mensajes más repetidos en Kodea desde su fundación en 2015, de la mano de Mónica Retamal, emprendedora social.
La idea nació luego de identificar una necesidad incómoda: avanzado el siglo XXI, la brecha digital se estaba convirtiendo en un nuevo promotor de pobreza. “Nos dimos cuenta de que no bastaba con tener pantallas. Había que desarrollar otro tipo de capacidades más profundas”, afirma Alejandra Ramos, head of marketing de la Fundación Kodea.
En un mundo hiperconectado -reflexiona la ejecutiva- ya no se trata de que las personas tengan acceso a internet, sino de no quedarse fuera de poder capacitarse, emprender, encontrar mejores trabajos o acceder a más servicios, por el escaso manejo que tienen de las herramientas tecnológicas.
“Somos el país de la OCDE con más personas en el nivel más bajo de resolución de problemas en entornos digitales”, afirma Ramos. La idea es que la denominada “cuarta revolución industrial” no agrande las brechas y que, por el contrario, se convierta en un motor de movilidad social, empoderamiento y equidad, principalmente para grupos como mujeres vulnerables, emprendedores y estudiantes de escuelas públicas.
Tecnología con propósito
Bajo el convencimiento de “humanizar la tecnología”, Kodea ha impulsado políticas públicas vinculadas a la incorporación del ramo de ciencias de la computación en el aula y la reconversión laboral, junto con una serie de iniciativas sociales gracias al aporte de grandes empresas y fondos concursables. “Lo que hemos hecho es habilitar programas financiados por la gran empresa, que generan un impacto que podemos ir a mostrar al Estado para generar políticas públicas, generando una articulación público-privada”, dice ramos.
¿Cuáles son las líneas de acción de Kodea?
Tenemos tres grandes líneas de acción: educación, futuro laboral y ciudadanía digital.
En educación trabajamos para que las ciencias de la computación no sean un taller en el colegio, sino que formen parte del corazón del sistema escolar con nuestra iniciativa IdeoDigital. Esta ha llevado habilidades de programación y pensamiento computacional a decenas de estudiantes de escuelas públicas con materiales que validamos con el Ministerio de Educación.
Tenemos otra iniciativa, la Hora del Código, que ha permitido que más de un millón de niños y niñas se acerquen a la programación. Incluso, a través de esta empujamos el Plan Nacional de Lenguaje Digital como política pública.
En futuro laboral, la gran iniciativa que tenemos, codesarrollada con Fundación Chile, es Talento Digital para Chile. Aquí también tenemos el programa Emprendedoras Conectadas, en el que acompañamos a mujeres que parten como microemprendedoras de subsistencia, haciendo cosas como vender empanadas o collares, para que usen herramientas digitales y aprendan también de marketing y finanzas para que sus negocios crezcan de verdad.
Finalmente, en ciudadanía digital trabajamos para que las personas, principalmente mujeres, no sólo usen la tecnología, sino que ejerzan sus derechos digitales para que participen activamente de la sociedad.
¿Qué es la inclusión tecnológica?
La inclusión tecnológica es que cualquier persona, independientemente de su género, territorio o situación económica tenga acceso a habilidades, confianza, oportunidades reales para usar y crear tecnología de manera significativa en su vida.
Es poder usarla, por ejemplo, para estudiar mejor, encontrar un trabajo mejor remunerado, emprender con más herramientas, hacer trámites con el Estado sin quedar fuera, participar de una consulta ciudadana o poder alzar la voz en temas que importan.
Eso es importante porque si no se aborda la brecha digital se vuelve una nueva desigualdad estructural que termina atravesando todas las brechas: las de ingreso, género y territoriales.
Por otra parte, al estar incluida digitalmente, la gente se transforma en consumidores más informados y más activos, lo que claramente trae mayor consumo y un país más próspero.
¿Cuáles son las mayores carencias digitales que ustedes encuentran en las personas con las que trabajan?
Los trámites. Muchas personas, por ejemplo, no saben usar su clave única o no pueden entrar a un banco y hacer una transacción. No estamos hablando de usar la inteligencia artificial y armar un GPT, sino de cosas super básicas. Creo que, si hoy se hicieran las votaciones en Chile por internet, la mitad no podría votar.
Actualmente, hay un montón de gente que está marginada en este sentido. Y ni hablar del futuro laboral. Con la existencia de los asistentes virtuales, todos los juniors van a quedar muy marginados, porque las tareas que realizan las va a terminar haciendo una IA. Entonces, la educación también va a estar muy afectada.
¿Cuáles habilidades digitales les enseñan a las personas?
Si tuviéramos que hablar de un set de habilidades que impulsamos, desde lo técnico trabajamos la alfabetización digital, pensamiento computacional, programación, ciencias de la computación e integración de inteligencia artificial, tanto en salas de clases como en programas de reconversión laboral.
Pero no queremos formar solamente usuarios de herramientas. Queremos formar personas capaces de entender la lógica detrás de la tecnología para poder cuestionarla y usarla con propósito.
¿Cómo la irrupción de la inteligencia artificial marca la relación de las personas con la tecnología?
En nuestro contexto, la irrupción de la inteligencia artificial cambió el tablero mucho más rápido de lo que se esperaba. Hoy ya no se trata sólo de aprender a usar un computador, sino de entender que estamos interactuando con sistemas que pueden automatizar tareas, personalizar contenido y ayudar a aprender de otra forma.
Hay que comprender que también pueden amplificar los sesgos. La inteligencia artificial tiene sesgos como los de género. También afecta a nuestra privacidad, porque toda la vida personal de una persona puede terminar en internet en manos de una inteligencia artificial. La IA puede influir en nuestras decisiones sin que nos demos cuenta. Te da un consejo, le pides ayuda en algo y tomas la decisión en base a eso.
Esto ha puesto sobre la mesa la urgencia de formar a las personas no sólo en competencias digitales, sino que también en ética, pensamiento crítico frente a los algoritmos y a una nueva forma de entender la ciudadanía digital. Es ahí donde nuestro rol como Kodea ha empezado a integrar a la IA en nuestros programas.
¿Cuál es la importancia que ustedes le dan al ‘aprender a aprender’ para que la gente tenga la capacidad de actualizarse frente a los cambios tecnológicos?
Es muy importante lograr que las personas se suban a este tren. Hay un concepto que se llama digital divide, que tiene que ver justo con esto: va a haber dos categorías de seres humanos, el que se suba al mundo digital y el que no. Y el que no se suba, va a terminar marginado totalmente del trabajo, de la educación y del desarrollo. Entonces, aprender a aprender es algo que impulsamos en Kodea.
Lo que tienen que enseñar hoy día las universidades, más que un aprendizaje dogmático, es justamente el aprender a aprender. Es generar ese hábito de estar en constante aprendizaje, porque eso es el mundo digital: estar aprendiendo constantemente.
En el mundo laboral, la IA abre nuevas oportunidades y, al mismo tiempo, pone más en evidencia la deuda. Faltan perfiles preparados en Chile y las personas necesitan reconvertirse más rápido. Por eso, nuestra iniciativa Talento Digital para Chile se convirtió en una política pública, porque incorporó todo este aprender a aprender.





