Ignacio Urrutia, product lead LATAM de Vambe.
Hace unos días, en el AMDDay partí mi charla con una confesión: no soy de marketing, construyo productos. Y desde ese lado lo veo claro: armar softwares con IA nunca fue tan fácil. Hoy cualquiera levanta un chatbot o automatiza un proceso en una tarde. Y cuando construir deja de ser lo difícil, el valor se va a otra parte.
Durante años competimos por canales: estar en WhatsApp, en Instagram, en la web, en el marketplace. Pero el cliente dejó de pensar en canales hace rato. Le habla a la marca, a la hora que sea, por donde le acomode.
El problema ya no es atraerlo, es sostener esa conversación que no para sin que el equipo se ahogue. Ahí la omnicanalidad deja de ser una estrategia de canales: pasa a ser una sola inteligencia que sigue al cliente entre canales sin perder el hilo. Un cerebro, muchos canales.
Sin embargo, lo que más me importa es otra cosa. Si construir es fácil y todos usamos los mismos modelos de IA (el mismo cerebro alquilado, literalmente), la tecnología deja de ser la ventaja. ¿Dónde queda? En saber qué funciona. Qué mensaje convierte y cuál mata la venta, a qué hora conviene responder, qué oferta pega en cada industria. Eso no se compra; se aprende, conversación a conversación.
Por eso creo que las herramientas que de verdad van a importar en marketing y ventas no son las que mejor se conectan ni las que corren el modelo más nuevo. Son las que te enseñan. Las que toman cada interacción y la devuelven como aprendizaje: te muestran qué campaña convierte de verdad, no en clics sino en ventas, y ajustan sobre eso.
Las mejores no aprenden solo de tu data: aprenden de toda la industria. Ven qué funciona en tu rubro y tu caso de uso, qué le ha resultado a empresas parecidas a la tuya, y te lo devuelven. Es un efecto red: mientras más casos ve la herramienta, más sabe cada una de los que la usan. El software deja de ejecutar tareas y empieza a hacerte mejor.
Esa es la dirección. Ejecutar se vuelve barato; lo que se acumula es el conocimiento. Y si todos alquilan el mismo cerebro, lo único que te diferencia es un producto que aprende de tu operación y la deja un poco más inteligente cada día. Así que la próxima vez que miren una herramienta de IA, no pregunten solo qué hace. Pregunten qué les va a enseñar.




