Felipe Encinas, socio de Gestión Siete Comunicación Estratégica.
A seis meses de la entrada en vigor de la nueva Ley de Protección de Datos Personales (Ley N° 21.719), el tiempo de mirar el tema como una discusión exclusivamente legal ya terminó. Lo que está en juego hoy va más allá del mero cumplimiento normativo: tiene que ver con la confianza corporativa.
En un entorno cada vez más digitalizado, las personas son más conscientes del valor de sus datos personales y más exigentes respecto a cómo las marcas los utilizan. Una llamada no autorizada, un correo sin consentimiento o una filtración de información ya no serán solo errores operacionales. Se transformará en parte de la experiencia de las personas con una organización y deteriorará la confianza, afectando directamente esa relación que, en general, lleva años crear y que se fortalece en el día a día.
La nueva ley exigirá transparencia, consentimiento explícito, trazabilidad y medidas concretas de protección de datos. Las empresas deberán saber dónde está almacenada su información, quién accede a ella, cómo se utiliza y bajo qué criterios. Pero, sobre todo, tendrán que ser capaces de demostrar una gestión responsable y ética de los datos.
Y ahí aparece uno de los principales desafíos. Muchas compañías crecieron digitalmente acumulando plataformas, softwares, bases de datos y herramientas de marketing sin una gobernanza integrada de la información.
Hoy esos datos están dispersos entre las áreas comerciales, recursos humanos, atención de clientes y/o canales digitales, algunas veces sin protocolos claros ni responsables definidos. Ahora ese desorden dejará de ser una ineficiencia interna y se transformará en un riesgo reputacional concreto (y, por supuesto, legal).
Las empresas ya no competirán únicamente por precio, servicio o innovación. La protección de datos comenzará a formar parte de la propuesta de valor de las marcas y de la percepción que clientes y usuarios construyan sobre ellas.
Por eso, la adaptación representa una oportunidad para profesionalizar la gestión de datos, fortalecer la reputación corporativa y construir relaciones más transparentes y sostenibles con las personas.




