José M. Valenzuela, communications & social media strategy lead en Mentalidad Web.
La llegada de la inteligencia artificial a nuestra industria ha desatado una paradoja fascinante: mientras más automatizamos la ejecución, más vitales se vuelven nuestras habilidades intrínsecamente humanas.
La IA puede procesar datos y generar copys en segundos, pero carece de alma. Por ello, el profesional de marketing de hoy no compite contra la máquina, sino que debe elevarse sobre ella mediante tres habilidades blandas esenciales.
Primero, el pensamiento crítico. Ante la avalancha de contenido sintético, la capacidad de discernir, curar y validar la veracidad y ética de lo que entrega el algoritmo es innegociable. Ya no somos solo creadores; somos editores expertos.
Segundo, la empatía radical. La IA detecta patrones, pero no siente dolor, alegría o nostalgia. La capacidad de entender las sutilezas emocionales del consumidor y conectar genuinamente sigue siendo territorio exclusivamente humano.Finalmente, la adaptabilidad cognitiva. La herramienta que usamos hoy quedará obsoleta mañana. La habilidad para «desaprender» y abrazar la incertidumbre es el nuevo superpoder. En la era del algoritmo, el marketer más valioso no es el más técnico, sino el más humano.





